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Apariciones Marianas de El Escorial en Prado Nuevo

Mensajes de La Virgen de los Dolores en El Escorial

El día 4 de mayo de 2002 finalizaron los denominados “Mensajes de Prado Nuevo”, que fueron precedidos por algunos, desde noviembre de 1980, en San Lorenzo de El Escorial y a partir del 14 de junio de 1981 en la finca Prado Nuevo de El Escorial.

La Virgen se aparecía por primera vez sobre un fresno y pronunciaba un breve pero trascendental mensaje:

“Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi nombre. Que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la Pasión de mi Hijo, que está completamente olvidada. Si hacen lo que yo digo, habrá curaciones. Esta agua curará. Todo el que venga a rezar aquí diariamente el santo Rosario, será bendecido por mí. Muchos serán marcados con una cruz en la frente. Haced penitencia. Haced oración”.

La Virgen, 14-VI-1981

Contenido de los mensajes

En los mensajes de Prado Nuevo, hay puntos doctrinales comunes con otras apariciones aprobadas por la Iglesia; por ejemplo, con las revelaciones del Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque (s. XVII); con las apariciones clásicas de la Virgen, como las de La Saletee (1846) y Fátima (1917). O más recientes , como la de Kibeho (1981-1984).

Referido esto, podríamos resumir el contenido de los mensajes de Prado Nuevo en los siguientes puntos:

1-Mensajes de constante actualidad

Los mensajes de la Virgen y del Señor revelados a Luz Amparo Cuevas poseen una finalidad propia y especifica, distinta de otras apariciones y recuerda y explicita verdades, no nuevas, sino ya admitidas por la Iglesia, pero actualizadas para las necesidades de estos tiempos.

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Como explica el teólogo E. Schillebeeckx: “…las apariciones marianas indican que Dios es consciente de que estamos atravesando tiempos de especial dificultad; y que María, la Madre de la humanidad religiosa, manifiesta de manera especial su solicitud maternal” (María , Madre de la Redención [Madrid, 1974] p. 223)

2-La crisis religiosa y moral

Hoy en día encontramos que la crisis religiosa y moral es extensa y profunda. No es crisis de una verdad concreta; es crisis de confusión sobre las verdades de la vida religiosa y católica en materia de fe, moral y de vida ascética.

El Credo del Pueblo de Dios de san Pablo VI (1968) fue una denuncia iluminadora de esta crisis. Decía este Papa santo entonces: “Bien sabemos, al hacer esto, por qué perturbaciones están agitados, en lo tocante a la fe, algunos grupos de hombres. Los cuales no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente; en él tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión”

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Por su parte, san Juan Pablo II afirmó en uno de sus viajes a Polonia: “Vivimos en tiempos de caos, de extravío y de confusión espirituales, en los que se perciben varias tendencias liberales y secularistas; a menudo se elimina abiertamente a Dios en la vida social; se quiere reducir la fe a la esfera puramente privada y, en la conducta moral de los hombres, se infiltra un dañoso relativismo” (Mensaje a los religiosos y a todas las personas consagradas, Jasna Góra, 4-VI-1997).

A esta crisis religiosa, moral, individual, familiar y social, alimentada por el ateísmo, relativismo y consumo materialista, responden con denuncia amorosa y luminosa los mensajes de la Virgen y el Señor en El Escorial.

3-Finalidad de la aparición

Sobre el fin de esta aparición mariana en Prado Nuevo, podemos aclarar:

  • La Virgen se presentó el 14 de junio de 1981 diciendo: “Soy la Virgen Dolorosa”. Y manifestó este mismo día el fin de su presencia: “Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi nombre. Que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la Pasión de mi hijo, que está completamente olvidad”.
  • El 1 de enero de 1982 añadía: “Quiero que hagan una capilla en honor a mi nombre, para hacer retiros y ejercicios espirituales”. Pocos días después, volvía a insistir: “¡Cuantas veces he pedido que hagan una capilla en mi nombre (…)! También pido que eso sirva para hacer ejercicios espirituales” (8-I-1982).
  • Para concluir, el 14 de julio de 1984, con la tercera parte del fin: Y que el Santo Sacramento esté de día y de noche expuesto para todo el que quiera venir a orar a este lugar”. O en fecha posterior, esta vez el Señor: “Quiero que se construya en este lugar una capilla,donde día y noche esté expuesta la Eucaristía olvidada por los hombres” (4-IX-1993).
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Junto con este fin principal, los mensajes actualizan verdades de fe y moral negadas, olvidadas o minusvaloradas en los momentos actuales: Dios Creador, frente al endiosamiento del hombre, por ejemplo, con la manipulación genética; verdades eternas, como el Cielo y el Infierno, que hoy se niega; predicación del Evangelio sin quitar nada; la Virgen, Madre de la divinidad de Jesús, frente a la tendencia frecuente actual de reducir a Cristo a mero Hombre; advertencia sobre la inmoralidad reinante, aborto, etc.

4-Olvido de Dios y endiosamiento del hombre

Frente al olvido de Dios y el endiosamiento del hombre actual, se insiste en los mensajes que Dios es Creador. Cientos de veces se encuentra la frase: “Dios mi Creador”, hablando la Virgen; o “Dios su Creador”, “Dios vuestro Creador”, “Dios nuestro creador”“Yo soy el Creador”, afirma el Señor el 3 de abril de 1993.

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Otra fecha a resaltar: “Quiero que se me reconozca como el Creador de género humano” (1-VIII-1992); exhortando más tarde: “¿Cuántas veces os voy a decir que bajéis la cerviz y reconozcáis a Dios como Creador vuestro?” (4-VIII-2001).

Indudable manifestación de este endiosamiento es no sólo el abandono de la oración, la inobservancia de los mandamientos, de modo particular la Misa dominical, sino también y en el campo científico, la manipulación genética:

“Los hombres quieren alcanzar al Creador; pero, ¿de qué forma quieren hacerlo, hija mía?: no cumpliendo las leyes que el Creador ha impuesto para su salvación, sino haciéndose ellos “creadores” (…); quieren crear nuevas razas (…). Nunca el hombre podrá ser creador de un ser humano, porque sólo Dios tiene poder para crear el alma, que es lo que hace racional al hombre (…), el alma, hija mía, sólo la puede crear el Creador Increado”.

Mensaje del 1-VI-1996

5-Endiosamiento del ser humano y negación de la verdad

El endiosamiento del ser humano y la negación de la verdad fundamental de “Dios Creador”, le conduce a cerrarse a toda trascendencia olvidando, o expresamente negando, la existencia de la otra vida y, de modo particular, el Infierno. Incluso, para algunos, los mensajes son negativos porque hablan del castigo (sobre esta cuestión, léase a Benedicto XVI, Audiencia General, 18-V-2011) y del peligro de la perdición eterna.

Por esto, uno de los mensajes exhorta: “…¿cómo podéis esconder a los hombres que existe el infierno? (…) Dios castiga a los malos y premia a los buenos; si no, no sería un Dios justo. ¡Cómo deformáis la palabra de Dios! ¿Cómo decís que no se puede meter miedo a las almas? (…). ¡Ay, predicad el Evangelio como está escrito…!” (El Señor, 2-XI-1996)

6-Divinidad de Jesucristo y maternidad divina de la Virgen

Entre las verdades de fe, puestas hoy en tela de juicio por algunos teólogos, se encuentra la divinidad de Jesucristo y la maternidad divina de la Virgen. Para explicitar más esta divina maternidad, tanto la Virgen como el Señor emplean la precisa expresión: “María es la Madre de la divinidad de Jesús” (El Señor, 4-VII-1987)

La misma Virgen ofreció esta explicación:

“Yo fui creada por el Padre y concebida sin pecado original. El Padre tenía complacencia en mí; y, cuando Él quiso y vio conveniente que era necesario que el Verbo se humanizase, Él derramó en mí… y me dio todo, sin perder nada. Él me poseyó, me besó, me fertilizó y me hizo Madre de una maternidad divina. Y, por este don, quiso que llamase a su Hijo: Hijo mío, de mis entrañas puras e inmaculadas” .

Mensaje de 5-IX-1987

Por ser Madre de Dios y estar al pie de la Cruz junto a su Hijo, se presenta en ocasiones como Corredentora y Madre de la Iglesia: “Yo fui víctima, al mismo tiempo que mi Hijo, porque era Corredentora con Él del género humano” (3-XII-1988); “…venid a mí, que yo soy Madre de la Iglesia, vuestra Madre” (7-II-1987).

7-Amor a la Iglesia y al Papa

Frente a la crítica y desobediencia a la Iglesia y al Vicario de Cristo, los mensajes insisten en el amor a la Iglesia y al Papa: “Amad a la Iglesia, amad al Vicario de Cristo y bebed de las fuentes que hay en la Iglesia” (La Virgen, 4-XII-1999).

8-Denuncia a la inmoralidad reinante

Cuanto denuncian sobre la inmoralidad reinante, puede resumirse en palabras tan reiteradas como éstas: “¡Qué pena de Humanidad!, ha perdido la noción del pecado y no ven pecado donde hay pecado, hija mía y la virtud la ven pecado” (El Señor, 7-XII-1991), que nos recuerdan las advertencias de los profetas en la Sagrada Escritura: “¡Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien, que tienen las tinieblas por luz y a la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Is 5, 20).

9-Pecado y ofensa a Dios

Relacionado con el pecado y la ofensa a Dios, aparece con frecuencia el concepto de reparación, tan específico de estas revelaciones: ¡cuántas veces se le pide a Luz Amparo besar el suelo “en reparación de todos los pecados…”!, porque, en definitiva, ser verdadero cristiano conlleva reparar los pecados, propios y ajenos.

Reparar es consolar el Corazón de Jesús por los ultrajes que recibe de los hombres, así como pedir misericordia para quienes le ofenden. El papa Pío XI, en su encíclica básica sobre el concepto de expiación o reparación, Miserentissimus Redemptor, exhortaba:

“…con más apremiante título de justicia y amor estamos obligados al deber de reparar y expiar: de justicia en cuanto a la expiación de la ofensa hecha a Dios por nuestras culpas y en cuanto a la reintegración del orden violado; de amor, en cuanto a padecer con Cristo paciente y “saturado de oprobio” y, según nuestra pobreza, ofrecerle algún consuelo”. Y explica que la reparación es el deber “de compensar las injurias de algún modo inferidas al Amor increado, si fue desdeñado con el olvido o ultrajado con la ofensa”.

Papa Pío XI

10-Llamamiento a los sacerdotes y almas consagradas

No podía faltar el llamamiento -muy presente- a los sacerdotes y almas consagradas. En el penúltimo mensaje, que fue a modo de despedida para diferentes estados de vida en la iglesia, se dirigía el Señor así a las almas consagradas:

Sacerdotes, volved a vuestro ministerio, entregaos en cuerpo y alma a las almas. Religiosos y religiosas, adorad a vuestro Dios; no os deslumbréis, muchas de vosotras, por el mundo (…). Os habéis marchitado, hijas mías; flores lozanas había en los conventos, pero el demonio astuto se ha encargado de destruir esas almas (…). Por eso hago un llamamiento también a esas almas consagradas (…). Si os habéis consagrado a Dios, hijas mías, ¿Quién como Dios? No os aburráis en vuestros conventos, si está el tesoro más grande y habéis escogido el esposo más fiel, dentro de vuestro convento. Dedicaos a la oración, hijas mías y poneos al servicio de Dios; ahí está la verdadera felicidad

Mensaje de 6-IV-2002

11-Llamada al amor de Dios y al prójimo

Especialmente al más necesitado; y cuando recrimina la conducta de hombres y mujeres, termina con palabras de amor y con una llamada a la conversión. De forma que no hay mensaje negativo, si se entiende por esto la denuncia del pecado, pues todos acaban de una manera positiva, invitando al arrepentimiento y abiertos a la esperanza cristiana.

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Llama la atención, en ocasiones, que haya citas coincidentes con el Magisterio de la Iglesia; lo que confirma, entre otras razones, la pureza doctrinal de los mensajes.

Así, manifestaba el Señor una vez: “El amor tiene que venir del costado de Cristo, para que sea un verdadero amor limpio y puro” (1-VII-1989). Y la Virgen: “Piensa que ese amor te lo ha enseñado mi Hijo y viene de su costado” (7-I-1989). Y el papa Benedicto XVI escribía, a su vez, en su primera y fundamental encíclica Deus Caritas est: “Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19,37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: “Dios es amor” (1 jn 4, 8)”.

Relacionado con la caridad, aparece el lema de “amor, unión y paz”, presentado como tal en los mensajes: “…que vuestra Obra sea el nombre de “unión, amor y paz”. Y quiero que se extienda por todas las partes del mundo. La paz, el amor entre los hombres y la unidad es muy importante” (La Virgen, 6-VI-1992).

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Expresión máxima del amor al prójimo son las “casas de amor y misericordia” pedidas por la Virgen: “Amad a los pobres y necesitados. Entregaos en cuerpo y alma a todos aquellos que os necesiten, hija mía: ésta es mi Obra de Amor y de Misericordia” (El Señor, 4-VIII-2001).

12-Humildad, obediencia y desprendimiento

En relación con otras virtudes, el mensaje pide humildad (con frecuencia unida a la caridad), obediencia, desprendimiento de las cosas terrenas…: “Si tenéis dos túnicas, ya os he dicho en otra ocasión, quedaos con una y dadle la otro al que lo necesita. ¿De qué le vale al hombre tener todas las riquezas del mundo, si en un segundo va a perder su alma? No estéis aferrados a las cosas terrenas” (La Virgen, 23-VI-1984).

Al principio de este resumen, advertíamos que existen en los mensajes puntos comunes con otras apariciones reconocidas por la Iglesia: oración, sacrificio, rezo del santo Rosario, “la plegaria favorita de mi Corazón” (La Virgen, 7-VIII-1993), sacramentos, especialmente, el de la Eucaristía y el sacramento de la Penitencia, visitas al Santísimo… Y la penitencia: “Hijos míos, os empiezo diciendo: ¡penitencia! Y os acabaré diciendo: ¡penitencia! En todas mis manifestaciones, hijos míos (…). Ésta es mi primera palabra: ¡penitencia! ¡penitencia! (La Virgen, 23-VI-1984)

De esta manera, coincide con la explicación ofrecida por el Cardenal Ratzinger, sobre el tercer secreto de Fátima, donde consideraba que “la palabra clave de este secreto es el triple grito: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!” (26-VI-2000), pronunciado por el Ángel ante Nuestra Señora de Fátima.

Visita de Benedicto XVI al Santuario de Fátima (12_de_Maio_de_2010)

Cuando los mensajes invitan a la penitencia, o cuando alertan de la maldad en la Tierra y anuncian tribulaciones, siempre lo hacen bajo una perspectiva anclada en la esperanza, en plena sintonía con la Sagrada Escritura, especialmente el Apocalipsis, en cuyas inquietantes profecías nunca se desvanece la esperanza.